SATURNO

SATURNO: Regente de Capricornio y la Casa 10
La Cruz de la Materia por encima y expresando la Media Luna del Alma.

Nota clave: La forma del alma, la cristalización. Sabiduría, la justicia. Miedo, control y abnegación. Autoridad y disciplina. El tiempo. Aprendizaje de las cosas a través del camino más duro. Responsabilidades, deberes y obligaciones.
Correspondencia psicológica: Infatigable lucha por la autoperservación. Paciencia. Apego a formas sociales cristalizadas.
Impulsos representados: Impulso de defender la estructura y la integridad personales. Impulso de protección y seguridad mediante logro tangible.
Necesidades simbolizadas: Necesidad de aprobación social. Necesidad de confiar en los propios recursos y trabajo.
Expresión positiva: Esfuerzo disciplinado. Aceptación de los deberes y responsabilidades. Organización. Confiabilidad.
Expresión negativa: Auto-restricción a través de demasiada confianza en uno y falta de fe. Inflexibilidad. Frialdad y defensividad.   Inhibición invalidante, medrosidad y negatividad.
El desarrollo de crecimiento personal que nos recompensa es sin duda el resultado directo del quehacer de uno mismo, la responsabilidad de enfrentarse a la realidad y aceptar la carga de la vida como un puro deber. Da forma a fuerzas desconocidas, al miedo que bloquea el progreso de nuestro crecimiento. Es un factor importante para determinar la profesión. Se gana la libertad una vez que se entiende la verdadera responsabilidad y limitación, y que el miedo a ser inadecuado entorpece el fluir de recursos naturales. Es la sabiduría que resulta de la aplicación pensada del conocimiento.

 

Tanto para Homero como para Hesíodo el planeta Saturno tiene dos titanes que presiden su poder. Cronos y Rea, dos dioses de la Tierra, engendrados en Gaya por Urano, el dios del cielo. Cronos, repudiado por su fealdad, fue desterrado a Tártaros pero Gaya persuadió a sus hijos para que se rebelaran contra su padre, y armó a Cronos, el más joven de los siete, con una afilada hoz, símbolo de la Luna y del poder de la diosa. Cronos cogió los genitales de su padre con la mano izquierda y los cortó con la hoz, arrojándolos a continuación al mar. La sangre que fluía de la herida fue a parar a Gaya, la tierra, y dio a luz a las Erinias. En esta historia nos encontramos con unos conflictos muy diferentes a las continuas disputas existentes entre Zeus y Hera que ya hemos visto. El tema mítico con el que nos encontramos en este caso es el de la confrontación entre padre e hijo. Capricornio encierra un tema muy antiguo, el tema del sacrificio del viejo rey para asegurar la fertilidad de la cosecha. El viejo rey debe morir, el nuevo debe nacer, entre ambos se revelan como uno. El viejo rey Cronos, sabiendo perfectamente que deberá enfrentarse al mismo destino que su propio padre, se come a sus hijos para protegerse de la amenaza que representan para él, pero el hijo oculto se rebela contra él y termina matándole. Una historia tan inevitable como el destino. La naturaleza terrestre de Cronos, un Titán, lo relaciona directamente con la Madre Tierra. Gaya y Rea es la misma diosa, representan la fertilidad de la Tierra. Cronos no es un principio masculino independiente sino más bien el aspecto masculino del principio generador que preside la Madre. Sus primos, Pan y Priado, son imágenes fálicas de la fertilidad de la naturaleza. Según Graves, Cronos y la hoz son símbolos asociados al sacrificio ritual del rey; la hoz que llevaba Saturno, contrapartida romana de Cronos, tenía forma de pico de cuervo (la palabra Cronos no solamente significa “tiempo” sino también “cuervo”) y se creía que el cuervo albergaba el alma del rey sagrado después del sacrificio. Este ritual de la hoz supone una señal para la muerte que debe fertilizar la Tierra y renovar la cosecha. Cronos era adorado en Atenas como el dios de la Cebada, Sabacio y anualmente era segado en la siembra y llorado, como Osisis. En cualquier caso el joven y el viejo rey son el mismo porque terminan de la misma manera, asesinados por su hijo. La dualidad y unidad entre padre e hijo, entre “senex” y “puer”, es uno de los motivos mitológicos dominantes de Capricornio. La moralidad y la inmoralidad, la ley y la ilegalidad parecen participar de los opuestos polares de Capricornio. El hijo debe afrontar el castigo del padre para terminar encontrando que el padre está dentro de sí mismo y el padre, el viejo rey, debe hacer frente a la rebelión del hijo para terminar encontrándose con su propio espíritu juvenil, que pensaba haber perdido tiempo atrás. La iniciación del hijo por parte del padre es una experiencia interna que parece predestinada y como Capricornio no suele encontrarla en las relaciones parentales reales; debe buscarla a un nivel más profundo en su propio interior. En tanto que Júpiter evoca una sensación de expansión y optimismo en la Casa donde se encuentra, Saturno suscita una experiencia casi diametralmente opuesta. En vez de sentir que en ese dominio la vida es esencialmente benévola y confiable, en el territorio de Saturno anticipamos dificultades, decepciones y restricciones y, por ende, nos acercamos a ese ámbito con miedo y cautela. Es frecuente que en la esfera de Júpiter nos deleitemos con una sensación de libertad y de posibilidades ilimitadas, en tanto que la Casa de Saturno es donde nos enfrentamos con restricciones, limitaciones y un sentimiento acosador del deber, la responsabilidad y las “conveniencias” y “obligaciones” de la vida. Uno de los rostros de Saturno es el viejo tirano. Temeroso de que sus propios hijos pudieran destronarlo, Cronos (el equivalente griego de Saturno) se los comió.

La Casa donde está emplazado Saturno es donde, debido al conservadurismo o al miedo, no nos permitimos dar rienda suelta a nuestros propios impulsos creativos. El temor a lo desconocido, de lo no probado y de todo lo que sea nuevo nos lleva a mantener el status quo en ese ámbito de la vida, incluso si lo que existe ya en él no tiene nada de maravilloso. Con ánimo de autocrítica y de pasar inadvertidos, nos preocupa tanto la posibilidad de hacer una jugada errónea en los dominios de Saturno que en aras de la seguridad restringimos severamente nuestras acciones. Como Cronos, en la medida que nos censuramos, inhibimos y autojuzgamos, estamos devorando nuestra propia progenie, nuestra expresión creativa. Cronos esgrimía una hoz, evocadora del proverbio “lo que siembres cosecharás”, del cual su propia vida es un ejemplo: tras haber castrado y destronado a su padre, Urano, el propio Cronos fue luego abatido por un golpe encabezado por su hijo Zeus. De modo similar, en el mapa natal Saturno representa la justicia exacta e implacable. Si descuidamos o evitamos las exigencias de Saturno, nos retorcemos y sufrimos; pero él recompensa adecuadamente cualquier esfuerzo que hagamos, y toda la paciencia y la persistencia que pongamos en él. Podemos tratar de disimular o aliviar el dolor asociado con la falta de cumplimiento y realización en la Casa de Saturno, negando la importancia de ese aspecto de la vida. Pero tarde o temprano, nuestro sentimiento de inadecuación o de insuficiencia en ese terreno nos asestará el golpe directamente donde más nos duela. Más que al tirano, Saturno va asociado con el arquetipo del Viejo Sabio, una especie de Maestro Celestial que se vale del dolor como mensajero para informarnos de aquellos aspectos de nosotros mismos que necesitan ser atendidos y cultivados. Al eludir esa esfera no disminuye nuestra inquietud; más bien se incrementa. Pero al escuchar lo que Saturno intenta enseñarnos o mostrarnos, nuestro sentimiento de inadecuación se transforma gradualmente en una sensación de valor, solidez e integridad cada vez mayor. Al enfrentar el reto de Saturno, nos fortalecemos, y somos recompensados con un conocimiento y una realización mayores. Como resultado, llegamos luego a convertirnos en maestros en ese mismo campo de la vida que más difícil nos ha sido dominar. Saturno, como una espina en el costado de un asno, nos acicatea para que cultivemos ciertas cualidades y características que probablemente no nos habríamos preocupado por desarrollar a menos que presiones internas o externas nos obligasen a hacerlo. Otro símbolo de Saturno es la cabra montañesa, y nos unificamos en la Casa donde se encuentra Saturno. En los laboriosos esfuerzos por ascender a la cima de la montaña, la cabra tropieza con muchos altibajos, pero finalmente llega a su objetivo. Antes de dar un paso, la cabra se asegura de que tiene las otras patas firmemente apoyadas en el suelo. Cualidades positivas como el pensamiento cauteloso y medido, el tacto, la perseverancia y una saludable aceptación de la realidad, se encuentran todas en los dominios de Saturno. Los contactos de Saturno por Casa, por aspectos y, en menor grado, por Signo, describirán aquellos ámbitos de nuestras vidas en los que nos falta confianza, en donde creemos que podríamos o que deberíamos hacerlo mejor. A menudo tendemos a disculparnos en cuanto a aquellas áreas de nuestro mapa influenciadas por Saturno y, al disculparnos, no sólo expresamos arrepentimiento, sino que además estamos diciendo que no creemos que seamos lo bastante buenos. Algunas veces, también ofreceremos algún tipo de justificación por nuestros “errores” y, al hacerlo, nos defendemos a nosotros mismos. Normalmente, los contactos de Saturno suelen mejorar conforme la persona se va haciendo mayor y va aprendiendo a aceptar que vivir en el mundo real conlleva vivir con miedo, coacciones y limitaciones pero, que a menudo, somos nosotros mismos quienes nos las autoimponemos. Saturno es el planeta relacionado con la edad y con la toma de conciencia, es decir, con el asumir las responsabilidades y los deberes que asociamos a la madurez. Por lo general, tanto la situación como los contactos de nuestro Saturno, aclararán en gran medida la forma en la que nos enfrentaremos a estos deberes y responsabilidades.

Hasta años recientes, al planeta Saturno se lo mencionaba habitualmente, en la mayoría de los libros sobre astrología, como una influencia “maléfica”, una dimensión de la experiencia que la mayoría más bien no afronta sino meramente tuvo que soportar sin finalidad positiva alguna. Sin embargo, una tendencia constructiva en el desarrollo de la astrología moderna es que muchos autores de hace 20 años se han referido a los significados de Saturno más positivos y promovedores del crecimiento. Expresemos primero, brevemente, algunos de los más importantes significados genéricos de Saturno:

– El principio de autoperservación y contracción, que puede manifestarse puramente como actitudes defensivas y temerosas o como impulso consciente hacia el logro de nuestras ambiciones en el mundo y cumplimiento de nuestros deberes y responsabilidades. Puede indicar, pues, una contracción personal del ser interior en pos de una mayor confianza personal y fuerza interior.
– El principio de la forma, la estructura y la estabilidad; por ende, se relaciona con la ley, las tradiciones culturales y sociales, el padre, y todas las figuras de autoridad.
– El principio del tiempo y del aprendizaje mediante experiencia inmediata que sólo llega después de reiteradas lecciones de la vida. Por ende, este principio lleva a muchos a las cualidades saturninas comúnmente mencionadas: seriedad, cautela, sabiduría mundana, paciencia, economía práctica y actitud conservadora. Saturno se correlaciona con el dios griego del Tiempo (Cronos), que distribuye estricta justicia, imparcial e impersonalmente, pero también con muy poca misericordia. Saturno se relaciona también con la cristalización, o sea, con las viejas pautas de vida y personal que se vuelven más rígidas con el tiempo. La instrucción que tiene lugar con el paso del tiempo puede hacer que los saturninos se cierren a la vida y, por ende, sean auto-opresivos, escépticos, suspicaces respecto de todo lo nuevo, y vacilantes en cuanto a revelar sus verdaderos sentimientos. Pero el mismo género de experiencia puede inducir a otras personas a desarrollar una sensibilidad respecto a los valores duraderos, un aprecio y una capacidad para la moderación, el orden y la eficiencia, y -en algunos casos- una sabiduría desapegada y pacífica.
– Impulso para defender nuestra estructura de vida y nuestra integridad personal; e impulso hacia la confianza y la seguridad a través de un logro tangible.
– Según Rudhyar, Saturno se refiere a la “naturaleza fundamental” de una persona, a la pureza de nuestro yo verdadero. Parece que Saturno llegó a tener semejantes significados negativos en las mentes de muchos astrólogos y estudiantes de astrología porque la mayoría no vive en términos de su naturaleza fundamental, sino más bien en términos de modas, pautas y tradiciones sociales, y juegos del ego. De allí que Saturno se experimenta a menudo como un “duro reproche” o un acto desafiante del “destino” a fin de que empecemos a prestar atención a las necesidades de nuestra naturaleza fundamental interior. Saturno es realmente un duro capataz, como dicen muchos libros antiguos, pero es particularmente rudo cuando nos desviamos de manifestar nuestra naturaleza verdadera.
– Psicológicamente, Saturno representa una dimensión del complejo del ego que, con la edad, puede volverse rígido y habitualmente lo hace: en otras palabras, el grupo profundamente encajado de pautas de conducta y actitudes que pueden atar a una persona con nudos de temor. Saturno se correlaciona también, psicológicamente, con lo que Jung llama la Sombra, o sea, las partes de nosotros que bloqueamos, tememos, o acerca de las cuales nos sentimos culpables; y de allí que proyectamos esas cualidades en los demás. Se ha dicho que Saturno simboliza el talón de Aquiles en la armadura que usamos ante el mundo, el instinto de retirarnos de la vida. Pero, como lo señala Rudhyar, también significa la profundamente arraigada ambición de concretar las posibilidades inherentes al nacimiento. Esta ambición se siente como una presión interior de llegar a ser o lograr algo definido según nuestra pauta interior.

De todos los significados generales de Saturno, probablemente el más importante es que Saturno representa la experiencia y la instrucción concentradas que sólo llegan a través de la vida en el cuerpo físico, en el plano material. Mediante la resistencia de la materia y mediante la presión del ser encarnado en el cuerpo físico, tenemos la oportunidad de desarrollar un mayor nivel de entendimiento concentrado y mayor paciencia en nuestra actitud hacia la vida misma. Dicen a menudo que Saturno “gobierna” el plano material denso. Cuando encarnamos en el mundo físico, el campo energético se contrae y, de esta manera, se concentra. Esta es la razón de que una vida terrena sea semejante buena experiencia de aprendizaje, pues aquí aprendemos mediante profundidad de experiencia, trabajo concentrado, y visión de los resultados inmediatos de nuestras acciones. El dolor, la tensión y la presión de la vida terrena tienen, por tanto, una finalidad de evolución y cambio. El plano material es un punto de intersección de lo intemporal con el tiempo. Saturno es el planeta del tiempo; y, mediante la experiencia saturnina de vivir en el mundo material, donde todo se mueve lentamente y donde tenemos que trabajar tan arduamente para hacer que ocurre algo o crecer de algún modo, podemos realizar el máximo avance espiritual. A menudo parece que marchamos lentamente y nuestra paciencia es puesta a prueba en cada punto del camino, pero la perseverancia a través de la resistencia inerte de la materia nos muestra claramente lo que es duradero y lo que no lo es, donde satisfacemos las pruebas y donde fracasamos. La acción de Saturno nos muestra claramente el costo de nuestros deseos y apegos; revela absolutamente las limitaciones de nuestro ego; y nos muestra que una conciencia muy concentrada y una comprensión profunda son lo principal que sacamos de este mundo cuando lo abandonamos. Nos muestra el valor del trabajo, pues todas las creencias y todos los ideales maravillosos que los seres humanos pensaron son de poco valor si no se aplican a la vida cotidiana mediante esfuerzo. Por tanto, la presión de Saturno debe considerarse como útil impulso para que realicemos el trabajo que necesitamos realizar a fin de desarrollarnos en un nivel profundo, en vez de como algo a lo cual hay que temer y de lo que hay que tratar de huir. El calor y la presión de Saturno son necesarios a fin de que podamos desarrollar lo que los budistas llaman el “alma de diamante” o el “cuerpo de diamante”, que es un modo de decir nuestra naturaleza fundamental, recóndita. Sin embargo, Saturno solo, sin amor y ligereza, es rigidez y muerte. Cuando fijaciones y bloqueos mentales y emocionales son el resultado de la expresión extrema del principio de Saturno, la negatividad en ascenso excluye la esencia del verdadero amor y la energía de la vida, y el alma padece hambre y se marchita, pues entonces carece del agua misma de vida. Por ello, complementando a Saturno está Júpiter (en algunos casos, Neptuno). Pues no sólo necesitamos esfuerzo (Saturno) sino también gracia (Júpiter/Neptuno). El esfuerzo y la gracia funcionan simultáneamente; son dos caras de la misma moneda. Mediante esfuerzo abrimos un canal a través del cual corra la gracia. Sin realizar ese esfuerzo, la gracia no entra fácilmente en nuestra vida. Sin embargo, debe señalarse que un individuo raras veces realiza esfuerzo alguno en el campo del crecimiento espiritual a menos que la gracia le impulsa a hacerlo. Por ello, hay poca gracia sin esfuerzo; pero tampoco hay esfuerzo sin gracia. De modo que vemos que tanto Júpiter y Saturno como Neptuno y Saturno simbolizan pares complementarios que deben relacionarse entre sí en todo trabajo con mapas natales. No hay que enfatizar de más a Saturno, pues, de muchos modos, la acción de los trans-saturninos (o transpersonales) es mucho más potente y profundamente transformadora que Saturno. Saturno nos muestra la naturaleza verdadera del plano material, la influencia de la necesidad en nuestras vidas, cómo son realmente las cosas desde de un punto de vista práctico y objetivo. Pero los trans-saturninos nos muestran qué es posible en los planos del ser y en los niveles de conciencia que trascienden totalmente el mundo material. Saturno nos lleva a experimentar la limitación que es característica inherente del mundo material. Por ende, cada vez que Saturno es activado en el mapa natal, por Tránsito o Progresión, tenemos que ocuparnos del hecho de la limitación en alguna dimensión de nuestra vida. En otras palabras, aprendemos que, en este plano, no podremos tenerlo todo, ni podremos ser  todo lo que podríamos haber imaginado. Los trans-saturninos, por otro lado, nos señalan planos del ser y dimensiones de la experiencia que se caracterizan porque son ilimitados. Son vastos; mantienen firme la promesa de crecimiento ilimitado.

 

La Bella y la Bestia

En el cuento de La Bella y la Bestia parece apropiado y lógico que la Bestia, con toda su fealdad, severidad y aspecto atemorizante, se convierta al final en el Príncipe Azul y se case con la heroína. Esta sensación de que sucede lo apropiado es el efecto característico de los cuentos de hadas ya que su esencia, así como la de los mitos, es una representación simbólica de los valores del inconsciente colectivo de la humanidad. Aparentemente inocentes, resultan poseer una cualidad de convincente familiaridad. Por debajo de las diferencias culturales, responsables de los detalles superficiales de estas historias, se encuentra una simplicidad de argumento y personajes, ya que estos representan las experiencias psíquicas del hombre, el esqueleto de su vida subjetiva. Siempre hallamos al mismo príncipe, la misma hermosa princesa, el mismo gigante tontorrón y el mismo tesoro enterrado. La Bestia siempre representa la cara oscura del Príncipe Azul. Esta paradoja parece ser una faceta obvia de la vida, fácilmente aceptada cuando se encuentra en los mitos, los cuentos de hadas y otros tipos simbologías como, por ejemplo, muchos temas religiosos. Sin embargo, esta dualidad no parece haber impregnado en absoluto la mentalidad astrológica moderna. Todavía se habla de planetas maléficos son completamente malos, y planetas beneficiosos, que son completamente buenos. Incluso cuando se permite algo de ambigüedad, algo de gris entre el negro y el blanco, sigue siendo muy poco. Todavía existe una cualidad llana y bidimensional en muchas de nuestras interpretaciones astrológicas del tema natal. Asimismo, se observa una tendencia a interpretar la carta astral en base a los parámetros morales de la sociedad, de tal forma que se habla de cartas honestas o deshonestas, aspectos morales o inmorales y comportamiento positivo o negativo. En la astrología hemos perdido muchas de las sutiles paradojas que están contenidas en este rico sistema de símbolos. El más maligno de todos los símbolos astrológicos es Saturno, al que comúnmente se le reconoce su aspecto de la Bestia, pero cuya faceta de Príncipe Azul suele pasarse por alto. Sin embargo, si falta alguna de estas dos caras, el símbolo no puede comunicar su significado y la interpretación sólo ofrece al individuo un valor demasiado simple y bidimensional. Saturno simboliza tanto un proceso psíquico como un tipo de experiencia. No representa únicamente el dolor, la restricción y la disciplina, sino que también es un símbolo del proceso psíquico, natural en todos los seres humanos, gracias al cual el individuo puede aprovechar sus experiencias de dolor, restricción y disciplina para obtener una mayor conciencia y plenitud. La psicología ha demostrado que, dentro de la psique humana, existe un motivo o impulso hacia la totalidad, hacia la plenitud. Dicho estado de totalidad se simboliza mediante el llamado «arquetipo del yo-mismo». Este no sugiere una perfección en la que sólo se tienen en cuenta los aspectos buenos del hombre, sino que implica una totalidad en la que cualquier cualidad humana ocupa su lugar y encaja armoniosamente con el todo. Dicho arquetipo está presente en el simbolismo de muchas religiones así como en el folklore y en los cuentos de hadas de cualquier civilización, en cualquier época de la historia. Intrínsecamente, siempre se trata de lo mismo, a pesar de que el aspecto externo varíe a medida que el hombre se desarrolla. El proceso psíquico simbolizado por Saturno parece estar relacionado con la realización de la experiencia interna de plenitud del individuo. Saturno representa el valor educativo del dolor y la diferencia existente entre los valores externos (los que se adquieren de los demás) y los internos (aquellos que hemos descubierto dentro de nosotros mismos). El papel de la Bestia es un aspecto necesario del significado de Saturno ya que, como sucede en el cuento, sólo cuando se ama a la Bestia por si misma puede desaparecer el hechizo y convertirse en el Príncipe Azul.

En la astrología tradicional Saturno era un planeta maléfico. Hasta sus cualidades son más bien sombrías: autocontrol, tacto, parquedad, precaución. Sus vicios son particularmente desagradables ya que operan a través de la emoción que llamamos «miedo». No tiene ni la elegancia de los planetas exteriores ni las características humanas de los planetas personales. Por lo general, se le considera carente de sentido del humor así como el causante de las limitaciones, frustraciones y penurias. Representa la abnegación, e incluso su aspecto más brillante se asocia con la sabiduría y autodisciplina del personaje que trabaja con ahínco y que jamás comete la atrocidad de reírse de la vida. Según su posición en los Signos y las Casas. Saturno representa aquellas áreas de la vida en las que el individuo podrá ver frustrada su expresividad y donde encontrará mayores dificultades. En muchos casos. Saturno parece estar relacionado con las circunstancias dolorosas que, a primera vista, no están causadas por ningún fallo o debilidad por parte de la persona, sino que sencillamente «suceden», por lo cual el planeta ha obtenido el título de «Señor del Karma». Esta calificación más bien deprimente sigue enganchada a Saturno a pesar de que una de las enseñanzas más antiguas y persistentes lo denomina «El dueño del Umbral», el guardián de las llaves, a través del cual (y sólo a través de él) podremos obtener la libertad mediante la comprensión de nosotros mismos. Las experiencias frustrantes relacionadas con Saturno son, obviamente, tan necesarias como educativas, en un sentido práctico y psicológico. Ya sea en terminología esotérica o en psicológica, el hecho básico permanece inalterable: los seres humanos únicamente se ganan el libre albedrío a través del descubrimiento propio y éste no se produce hasta que las cosas se ponen tan feas que no hay otra salida. A pesar de que muy pocos astrólogos considerarían a Saturno un alegre compañero de cama, por lo general se reconoce, aunque de mala gana, la necesidad de la experiencia saturnina, Sin embargo, no se suele aceptar que puede haber felicidad en dicho tipo de experiencia. Todo aquel que disfruta de su propio dolor es considerado un masoquista. Sin embargo. Saturno no fomenta un disfrute del dolor sino un regocijo de la libertad psicológica. Normalmente, esto no se acepta, ya que poca gente lo ha experimentado. Todos hemos sugerido alguna vez los desengaños, retrasos y angustias que suelen coincidir con una fuerte influencia de Saturno. Sin embargo, a la pregunta de ¿qué significan dichas experiencias y cómo se les puede sacar provecho? no existen demasiadas respuestas, a parte del consejo típico de paciencia y autocontrol. Cuando no se contesta “¡suerte!”, algo totalmente inservible, se dice, de forma igualmente inútil, que estas experiencias son causadas por el karma individual, la terminación actual de una acción o ciclo iniciado en alguna encarnación anterior, y que lo mejor es aguantar los desengaños apretar los dientes, no hacer nada, tener fe y, de esta forma, pagar las deudas y hallar el sendero hacia la luz. Incluso a los astrólogos que permiten una cierta libertad en el desarrollo del ser humano les resulta difícil aconsejar algo sobre Saturno, aparte de tener paciencia, calma y una actitud positiva. Quizás lo que Saturno y nuestras psiques nos piden es que intentemos preguntamos por qué, al igual que Parsifal cuando se encuentra en el castillo encantado y ve el Santo Grial. Es posible utilizar cada retraso, desengaño o miedo como un medio para profundizar en los misteriosos mecanismos de la psique, y aprender gradualmente, a través de todas estas experiencias, a percibir el significado de nuestras propias vidas.

Una gran parte de lo que sucede en el interior de un ser humano permanece en el terreno de lo desconocido, y no se trata únicamente de las emociones reprimidas. El nivel periférico que Freud exploró no es más que el comienzo del mundo inconsciente. El hombre crea su mundo constantemente según el tipo de pensamientos que genera, produciendo una realidad que no es más que la expresión externa de estos. Las experiencias con las que un individuo se encuentra, son atraídas hacia su vida de forma misteriosa por el poder creativo de su propia psique y, aunque no comprendemos plenamente el mecanismo sincrónico de reflexión entre lo interior y lo exterior, sabemos que tiene lugar en todos los individuos. No hay más que observar a una persona en proceso de desarrollo para ver que las circunstancias externas a su vida siguen siempre el modelo de los cambios psíquicos que atraviesa. Ella no está creando conscientemente dichas circunstancias pero sí su yo más amplio, la totalidad de su psique, que es la energía dinámica responsable del desarrollo del individuo. Si éste no se esfuerza en expandir su conciencia de tal forma que pueda comprender la naturaleza de su desarrollo total y pueda comenzar a cooperar con él, entonces se sentirá como una víctima del destino y no podrá controlar su vida. Únicamente podrá alcanzar su libertad aprendiendo más de sí mismo y comprendiendo la influencia de una experiencia en particular en el desarrollo de la totalidad de su yo. Y no hay nada como la frustración, el regalo de Saturno, para incitar al hombre a realizar este tipo de exploración. La mayoría de nosotros no ha alcanzado el nivel en el cual las densas moléculas de la materia se mueven a las órdenes de nuestros pensamientos. Además, se suele desmentir vehementemente las experiencias o la existencia de los que han alcanzado este nivel de evolución. Al no considerarles como maestros que expresan lo que existe potencialmente en todos nosotros, se les concede el dudoso honor de ser unos caprichos de la naturaleza a los que las religiones del mundo han otorgado la precaria función de explicar nuestros pecados a Dios. La mayoría de la gente observa que sus acciones les vuelven en forma física a través de canales indirectos, los cuales suelen ser por culpa de terceros; o en forma de circunstancias favorables que atribuimos a la agudeza de nuestro intelecto consciente; o mediante enfermedades o accidentes que son debidos al azar, a la mala suerte, a las bacterias o a una dieta pobre. Todos estos son los canales por los que llega la experiencia de Saturno, a parte del suyo favorito: la soledad. Generalmente, estas experiencias resultan más difíciles de lo necesario y se descubre muy poco del significado o del valor interno de la experiencia. Sólo se gana precaución y sabiduría. No hay nada más odioso que tener que aceptar la responsabilidad de nuestros actos y nuestro sino, a pesar de que el hombre quiera creer desesperadamente que es libre. En caso de que se acepte la responsabilidad, se la suele colorear de negro y llamar pecado, lo cual conlleva una actitud igualmente inútil.

El mero deseo de eliminar un problema y la comprensión de las causas superficiales de su existencia no van a hacer que el problema desaparezca, especialmente si no se trata realmente de un problema sino de un intento, por parte de la psique más interna, de alcanzar un equilibrio o un punto de vista más amplio. El inconsciente del individuo siempre lucha para obtener plenitud e integración y utilizará cualquier canal que el hombre consciente ponga a su disposición. El verdadero sufrimiento surge cuando sus ideas conscientes de lo que es correcto o apropiado entran en conflicto directo con el camino que inconscientemente ha escogido, apareciendo entonces un dolor penetrante y una sensación de futilidad y de falta de objetivos. Mucha gente vive en un callejón sin salida ya que, sea lo que sea lo que busquen en la vida, en el último momento siempre hacen algo que destruye el sueño antes que se cumpla. Esta capacidad de destrucción está a menudo relacionada con el miedo y el sentimiento de culpa, lo cual es un aspecto de la expresión de Saturno. Con la misma frecuencia, detrás del miedo y la culpa se esconde otro propósito probablemente más sabio y significativo que el escogido por el hombre consciente. Normalmente, sólo se ve la destrucción. Se le suele llamar «El Mal» y ha sido personificado en la imagen de Satán, el cual está obviamente muy relacionado con Saturno, si nos fijamos en las pezuñas y cuernos de la Cabra de Capricornio. Dicho conflicto entre el consciente y el inconsciente, la luz y las tinieblas, no es ni bueno ni malo, sino necesario para el crecimiento, ya que de él puede surgir la integración y una consciencia más amplia. La dualidad que encontramos al traspasar el umbral de la consciencia suele ser bastante incómoda, debido a que siempre olvidamos que cualquier objeto que está en la luz proyecta siempre una oscura sombra. Dios y Satán, tengan o no una existencia objetiva, están definitivamente presentes en la psique del hombre en forma de impulsos, pero no son lo que aparentan. No existe un método rápido y sencillo para hacerse amigo de Saturno. En muchos aspectos, el antiguo arte de los alquimistas se dedicaba a esto, ya que la materia prima de la alquimia, en la que podía encontrarse oro, se llamaba Saturno y, aparte de existir en forma concreta, representaba también al alquimista. La psicología moderna, cada vez más paralela al sendero de los alquimistas, también intenta descubrir cómo hacemos amigos de Saturno, aunque para ello utilice otra terminología. Pero si se es constante, se puede extraer oro y, si se hace un esfuerzo, se llega a ver que, a pesar de todo. Saturno tiene su sentido del humor cuando somos lo suficientemente sutiles como para comprender su ironía.

En los Signos Cardinales: Aries-Libra y Capricornio-Cáncer, Saturno se relaciona aquí con la organización y la utilización de nuestras energías. Un modo primordial de expresar la energía activa (de Agua, Tierra, Aire y Fuego) tiende a bloquearse o retraerse, indicando la necesidad de estabilizar ese tipo de autoexpresión y de trabajar en el desarrollo de esa cualidad a través del esfuerzo.

En los Signos Fijos: Acuario-Leo y Escorpio-Tauro, Saturno es aquí, casi siempre, índice de vigorosa porfía y rigurosas pautas consuetudinarias que bloquean la corriente de la amorosa energía de la vida. Aquí, la expresión de la esencia de la fuerza vital, el yo recóndito, y nuestra vitalidad esencial deberán reestructurarse. A menudo hay falta de confianza, y habitualmente falta de verdadera entrega y amor. Esto, por supuesto, puede compensarse, pero, no obstante, la tendencia está presente.

En los Signos Mutables: Géminis-Sagitario y Piscis-Virgo, Saturno se relaciona con la necesidad de reestructurar nuestras pautas mentales y la modalidad operativa de las corrientes de pensamiento. A menudo, la mente tiende a pensar negativamente, a preocuparse, y a empecinarse, lo cual brota de la instrucción o los condicionamientos de la vida pasada. Aquí, la persona deberá reorganizar su modo de pensar, lo mismo que su modo de aplicar la energía mental para entender y ordenar la experiencia cotidiana.

Saturno en el mapa natal muestra dónde estamos demasiados apegados y somos rígidamente egocéntricos, de modo que tratemos de controlarnos en ese ámbito de la vida de modo demasiado extremado; por ende, a menudo reaccionamos a la defensiva en ese ámbito de la vida puesto que estamos atados con un nudo de negatividad. De allí que debamos experimentar algunas duras lecciones en ese ámbito a fin de acabar con las murallas de ese estar a la defensiva y de las actitudes egocéntricas. Como un maestro espiritual escribió: “El deber y la responsabilidad (Saturno) son el dique que mantiene a la mente controlada”. Por eso, ese sector del mapa en el que encontramos a Saturno es un ámbito en el que experimentamos específicos deberes y responsabilidades kármicos que nos sirven de ayuda para que disciplinemos nuestras mentes y nuestros deseos. A su vez, esta disciplina nos ayuda a que empecemos a asumir la responsabilidad de nuestras acciones, deseos y compromisos en este sector. La disciplina puede experimentarse durante un tiempo como frustración o inhibición, pero -como todo consejero o psicoterapeuta debe saberlo- la frustración puede ser terapéutica porque vuelve por fuerza a la persona sobre si misma, y así le da la oportunidad para que se desarrolle una fuerza interior rastreando en sus recursos más profundos. En el mapa natal, Saturno simboliza un punto de gran sensibilidad, un sector de la vida en el podemos esforzarnos en vencer la limitación mediante un enfoque serio, cabal y eficaz. (O la persona puede reaccionar construyendo un muro alrededor de si mismo en este sector de la vida en procura de autoprotegerse, asegurando así que con los años se desarrolle una profundizante negatividad). Saturno puede indicar dónde nos afligen sentimientos de inferioridad, timidez u opresión, que, a su tiempo, causen resentimiento y amargura si no se afronta adecuadamente los desafíos. Sin embargo, si aceptamos el desafío de Saturno para que trabajemos en la construcción de una nueva estructura y la fijación de las actitudes en ese ámbito de vida, entonces la posición de Saturno podrá revelar dónde podremos experimentar alguna satisfacción muy profunda en nuestras vidas. La posición de Saturno revela cómo la gravedad se apoderó de nosotros, dónde hallaremos experiencia ponderada e importante, y, en consecuencia, a menudo nos gusta trabajar más arduamente a fin de establecer seguridad y estabilidad. Es aquí donde deberemos ajustarnos a las necesidades prácticas de la vida, a pesar de todo temor o ansiedad que sintamos, empleando un esfuerzo mayor y asumiendo responsabilidades complementarias. La posición de Saturno muestra dónde somos especialmente sensibles a normas y expectativas sociales, dónde necesitamos aprobación social y/o necesitamos vivir conforme a alguna norma de “éxito” o reconocimiento. En muchos casos, la persona actuará como si rechazara absolutamente roles o normas sociales en el ámbito indicado de vida, pero tal conducta no deberá tomarse siempre en su valor aparente, puesto que la persona, a menudo, reacciona concretamente ante el temor de fracasar en ese campo de actividad. Puesto que la persona cree que ese ámbito de vida es tan profundamente importante, el individuo tal vez quiera evitarlo por entero o rechazarlo por completo en vez de enfrentar los temores y asumir las serias responsabilidades. El efecto de Saturno en una Casa es similar al de Capricornio en la cúspide o dentro de una Casa.

 

Quirón, Urano, Neptuno y Plutón simbolizan las fuerzas que constantemente acucian el cambio en nuestra conciencia. Rudhyar se ha referido a los trans-saturninos como “embajadores de la galaxia”. En un artículo publicado en la revista “Astroview”, expresa: Todo sistema orgánico (o toda unidad cósmica) está sujeta a dos fuerzas contrarias. Está tracción que atrae todas las partes del sistema hacia el centro (por ejemplo, la tracción de la gravedad); pero también está la tracción ejercida por el espacio exterior, la cual en realidad significa un sistema más vasto dentro del cual funciona el primer sistema. Todo planeta de nuestro sistema solar y todo ser vivo de la Tierra es, hasta cierto grado, afectado por las presiones y tracciones que nos llegan de la galaxia; también somos afectados en dirección contraria por el poder de gravedad del Sol, centro de nuestro sistema. Sin embargo, Saturno representa la linea básica de demarcación entre estas dos fuerzas contrarias, galáctica y solar. Los planetas dentro de la órbita de Saturno son principalmente criaturas y vasallos del Sol; mientras que los planetas que están más allá de Saturno son lo que yo he llamado hace muchos años “embajadores de la galaxia”. Concentran sobre el sistema solar el poder de esta vasta comunidad de estrellas, la galaxia. No pertenecen por completo al sistema solar. Están dentro de su esfera de influencia para realizar un trabajo, para ligar nuestro pequeño sistema (del que el Sol es el centro y la órbita de Saturno la circunferencia) con el sistema más vasto, la galaxia. De numerosos modos se revela que los planetas trans-saturninos son los símbolos de fuerzas cósmicas que impulsan (y, en la experiencia real, a menudo expulsan) al individuo para que crezca e incorpore a su conciencia fuerzas de vida más grandes y más vastas. Primero, los trans-saturninos, como se los observa desde de la Tierra, se mueven lentamente; en consecuencia, cada uno permanece en un Signo del Zodiaco durante muchos años. Descubrimos, pues, generaciones enteras de hombres y mujeres que experimentan cambios genéricamente similares, aunque el foco especifico de los cambios difiere de una persona a otra, según las posiciones de las Casas y los aspectos con otros planetas. Astrológicamente, los factores personales esenciales de la vida consciente son: el Sol, la Luna, Mercurio, Venus y Marte. Jupiter y Saturno, constituyen un escalón intermedio entre los planetas personales y las fuerzas impersonales  trans-saturninos, puesto que tan a menudo tienen relación con nuestra participación en la sociedad y con las normas, creencias y ambiciones de matices sociales. Los Signos, las Casas y los aspectos en que estos siete planetas funcionan en un individuo. Los factores simbolizados por estos siete planetas son, hasta cierto punto, modificables mediante la experiencia consciente y el uso concentrado de la voluntad. Quirón, Urano, Neptuno y Plutón, por otro lado, están totalmente más allá del control consciente, tal como los planetas reales están marcadamente más allá de la Tierra. Por tanto, una persona no puede controlar para nada las energías de estos planetas. Pero puede controlar su actitud hacia la influencia de aquéllos en su vida. Puede modificar su orientación consciente hacia las manifestaciones de estas fuerzas mayores. En términos de su función, Quirón, Urano, Neptuno y Plutón, como se expresara, siempre impulsan el cambio en el ámbito afectado de la vida. Este cambio, por lo común llegará armónicamente y sin demasiada ruptura si estos planetas están en aspecto fluidos con los otros siete planetas personales. Sin embargo, si los trans-saturninos están en aspectos tensionados con los planetas personales, el cambio será más difícil de “manejar”. O sea que experimentaremos dificultad para dominar la situación; y podemos ser abrumados por estas fuerzas, pues simbolizan energías que son mucho más potentes que cualquiera de los otros planetas. El poder de la voluntad y la determinación solos nunca son suficientes para imponerse a estas energías. Todos los planetas trans-saturninos representan niveles de conciencia en los que nos volvemos más bien impersonales. Todos ellos se ocupan potencialmente de dimensiones más sutiles de la vida y de energías transformativas. Los cuatro se relacionan con los tipos de poderes psíquicos, denominados intuición, percepción extrasensorial y géneros similares de sensibilidad. Pero cada uno es diferente; y ninguno de ellos podrá llamarse solo el  planeta de la “intuición” o del poder psíquico. Desde de un punto de vista espiritual, todos los trans-saturninos se ocupan de los planos superiores del ser, con la siguiente diferenciación: