NEPTUNO

NEPTUNO: Regente de Piscis y la Casa 12
La Media Luna del Alma surgiendo de la Cruz de la Materia sobre el Circulo del Espíritu.

Nota clave: La disolución de la materia. La imaginación subconsciente, los sueños, las fantasías y los ideales. La espiritualidad cósmica, la nebulosidad o confusión. Libertad transcendente y del ego-yo. Hechizo, ilusionismo. Refinamiento, purificación y sanación.
Correspondencia psicológica: Primeras sacudidas de la nueva vida dentro de los restos de la vieja.
Impulsos representados: Impulso de huida de las limitaciones del propio yo y del mundo material.
Necesidades simbolizadas: Necesidad de experimentar unidad con la vida, fusión completa con la totalidad.
Expresión positiva: Armonización con la totalidad. Realización de la dimensión espiritual de la experiencia. Compasión omniabarcante. Vivir un ideal.
Expresión negativa: Escapismo autodestructivo; evasión de las responsabilidades y más profundas necesidades personales. Rechazo a enfrentar las propias motivaciones y a comprometerse en algo.
Las obligaciones de la sociedad se satisfacen como respuesta a un sentimiento desconocido de culpabilidad o deber espiritual. Sin embargo, la necesidad de conocer precisamente en qué forma uno sirve a la humanidad hace que divaguemos en profundos ataúdes en busca de algún alivio de la impuesta ansiedad que produce. Su extrema sensibilidad a la enfermedad de la sociedad, la inhumanidad del hombre. Cayendo en telarañas de circunstancias negativas, Neptuno es inconsciente. Su simpatía a la estética da apreciación de la utopia, rítmica, ilusión de la poesía, de la música que transciende la imaginación y fantasías eróticas. Neptuno usado positivamente da una apreciación por las sublimes manifestaciones creativas de una cualidad superior. La satisfacción llega de una purificación por el orden de las caóticas condiciones sociales. Compasión por los desamparados, con la esperanza de expulsar del individuo la culpa sobre la existencia de estas condiciones.

 

Neptuno representa una armonización emocional  con niveles superiores, un anhelo de planos superiores del ser y una infatuación con ellos. Simboliza una fuerza que está enteramente más allá de los lindes de la razón o de algo comprensible para la mente lógica. El único modo en que Neptuno puede entenderse verdaderamente en su esencia es someterse a él; pues, por definición y por función, está más allá de las fronteras. Sólo cuando nos fundimos con él -o sea, cuando nos volvemos sin fronteras- podemos conocerle. De allí que Neptuno se asocie con la mística, el misterio, un sentido de unidad, desarrollo espiritual e inspiración. También se dice que representa informalidad, ilusión, disolución, imaginación e idealismo. Para mí, el modo más útil de describir el significado esencial de Neptuno es decir que representa el deseo de perdernos en otro estado de conciencia (ya sea una conciencia “superior” o “inferior”) y el deseo de escapar de toda limitación, tanto de las limitaciones de la existencia material y de su tedio como de las limitaciones de la personalidad y del ego. Naturalmente, podemos tratar de escapar a través de actividades autodestructivas (como el alcohol y las drogas) o personalmente constructivas. Una persona neptuniana puede ser evasiva o escapista, o puede ser muy perceptiva de sutilezas y extremadamente compasiva (¡o una mezcla de ambas!) La experiencia de la “influencia” de Neptuno por parte de un individuo, simbolizada por las configuraciones natales, la posición de las Casas, y los Tránsitos, se caracteriza a menudo por una sensación de confusión, de inseguridad, “de estar en el aire”, y “en el espacio”. Al menos es por esto que a menudo se percibe cuando el individuo está suficientemente “apoyado” como para mantener su equilibrio psíquico. Esta confusión resulta en parte de la actitud común que exige que toda nueva experiencia “encaje” en nuestras categorías mentales preconcebidas. Sin embargo, no podremos lograr siempre poner fronteras a Neptuno. Lo que no tiene fronteras ni formas por su naturaleza misma, ¿cómo podrá ser introducido en nuestros limitados conceptos y estructuras vitales? En otras palabras, la confusión o el sentimiento de “estar vagando en el espacio” que tan a menudo se experimenta con Neptuno se desarrollan principalmente cuando resistimos la desintegración y la disolución inevitables de alguna pauta de nuestra vida o de algún aspecto de nuestra personalidad. Este lado negativo de la manifestación de Neptuno es también mucha más patente, cuando no estamos afirmados en el mundo material. Podríamos decir que, a no ser que nos pongamos de acuerdo con las presiones, realidades y obligaciones de Saturno, no estamos suficientemente apoyados como para manejar lo intenso y lo destructivo de algún planeta trans-saturnino. Tenemos que escuchar a Quirón, nuestro maestro interno y recibir las intuiciones y la libertad de Urano y la inspiración y el idealismo de Neptuno y hacerlos reales  bajando ese conocimiento a la Tierra, poniendo a prueba esas lejanas inclinaciones, e incorporándolas a nuestra vida cotidiana. El fracaso en trabajar en esta integración interiormente con gran honradez y diligencia provocará a menudo una tremenda sensación de descontento o, en algunos casos, trastornos psicológicos que, a su tiempo, llevarán a una desintegración en gran escala de la personalidad. Este descontento proviene del hecho de que Neptuno nos sensibiliza o armoniza con la realidad de las fuerzas invisibles e inmateriales de la vida. Cuando experimentamos que, de hecho, existe un plano más sutil y elevado del ser, que es accesible a la conciencia humana, es a menudo difícil vivir pacientemente una existencia mundana en un mundo material que cada vez más aparenta ser y que se siente como una prisión. Me parece que la clave para formar una relación correcta con la fuerza neptuniana de nuestras vidas es comprender que ninguna satisfacción o liberación provendrá de nuestra búsqueda constante del ideal que anhelamos en el mundo externo, y que esto sólo llegará cuando aceptemos la responsabilidad (Saturno) para que hagamos el ideal de nuestras vidas mediante nuestra creatividad y devoción. En otras palabras, hemos de volvernos hacia dentro, hemos de vivir el ideal a fin de hacerlo real.

Es inútil buscar siempre irrealistamente la situación perfecta, ya sea ésta el trabajo perfecto, el matrimonio ideal, o el hogar que es una pinturita con un hermoso escenario alrededor. Neptuno nos inclina a colgarnos de cuadros o imágenes de perfección, hacia lo que queremos luego correr para escapar del dolor de la vida diaria. Naturalmente, una persona muy sensible puede necesitar  vivir en un medio ambiente o tener un tipo de trabajo que, por lo menos, no vacía su energía mediante tensión constante. Pero insistir en que todo sea perfecto antes que lo vivamos en plenitud, antes de que nos comprometamos a ello por completo, es una actitud que asegura que jamás sentiremos paz interior alguna. Neptuno representa nuestro sentido de obligación hacia la sociedad y hacia los demás, manifestando, en casos extremos, sentimientos de culpa. Sin duda, este es el modo con que muchas personas experimentan la energía de Neptuno, en este caso, muestra un canal a través del cual hemos de saldar ciertas deudas kármicas a otros. Me parece que tal sentimiento de obligación para con la sociedad, la humanidad o realmente todo ser humano o animal sufriente deriva del hecho de que experimentamos nuestra unidad con todas las criaturas vivas. Si creemos intensamente que somos los mismos que cualquier ser humano (o incluso, que en esencia también somos uno con los animales) ¿cómo podremos dejar de dar ayuda a todos los seres que necesitan? En realidad, no es generosidad dar a otro que, en esencia, es el mismo que yo. Es más bien una obligación inmediata; y, si no cumplo con este sentido de obligación, en verdad puedo sentirme culpable, aunque sin duda es una fina cualidad espiritual, debe relacionarse con hechos prácticos; o nos franquearemos para que nos manejen, usen e incluso agoten las exigencias de los demás. Pues es rara la persona que, de hecho, no necesite alguna clase de ayuda, algún género de auxilio. Y el hecho de que creamos que somos uno solo con la totalidad mayor de toda la vida no significa que tengamos la energía o los recursos dentro de nosotros para sostener a todas las criaturas vivientes. Si aceptamos de buen grado la irrupción de energías neptunianas en una mente clara y un alma abiertas, podremos experimentar una percepción espiritual, una imaginación y una inspiración elevadas. Las imágenes arquetípicas se pueden ver, y las realidades intemporales se pueden sentir. Como escribe Rudhyar:

“..a aquel cuya alma se convirtió en templo santo de Dios vivo, cuya circunferencia  del yo incluye potencialmente al universo entero, cuya mente establece sus formulaciones en términos de la reconciliación de todos los opuestos, sin dejar nada fuera de su lógica multidimensional y omniinclusiva, a él dios le responde como gracia, (Triptycd)”.

Mediante la posición de Casa del mapa natal, Neptuno indica dónde esta posibilidad de gracia, de armonización con influencias transcendentales, toma contacto más inmediatamente con nuestra vida. Pero sólo muestra una posibilidad de experimentar la gracia o las realidades espirituales. Todo depende en gran parte de cuán honrados, valientes y prácticos seamos. Debemos apoyarnos en una realidad saturnina para apreciar y utilizar en plenitud el elevador aspecto de la dimensión de vida de Neptuno. ¿Alguien de nosotros podrá afirmar que está libre de autoengaños, fantasías irrealistas o deseos de eludir a la dura realidad? Por esta razón, su posición de Casa en el mapa natal indica, a la mayoría de nosotros, un ámbito de vida y un campo de experiencia que tendemos a idealizar o a escapar de ellos, motivados habitualmente por impulsos de la mente inconsciente o superconsciente que poco se entienden. Es en ese campo de la experiencia que buscamos un ideal, que creemos lo que queremos creer; y el deseo de eludir y enfrentar ese ámbito de vida proviene, a menudo del temor subliminal de que enfrentarlo severa e inmediatamente revelará el vacío de nuestro autoengaño. De allí que a menudo prefiramos permanecer en la oscuridad, mantener más bien nuestro sentido del misterio que arriesgarnos a darnos cuenta de lo que hemos idealizado durante tanto tiempo no es realidad, tan valioso como habíamos querido creerlo. Parece que, con frecuencia, identificamos algún ámbito de la experiencia mundana con nuestros anhelos espirituales más profundos; y el resultado es la confusión. Se requiere discriminación aguda (¡Virgo!: el Signo opuesto del Signo de Piscis) que nos permita aclararnos qué se relaciona realmente con nuestro crecimiento espiritual y qué está meramente en el ámbito de vida que esperábamos (quizá durante vidas) que satisfaría nuestro anhelo espiritual y nuestra soledad. En cualquier mapa natal, el factor simbolizado por un planeta en estrecho aspecto con Neptuno está muy sensibilizado y depurado. Esta sensibilidad se manifiesta a menudo como una susceptibilidad a la ilusión, al autoengaño, a la confusión, o incluso a la desintegración en esta dimensión de la vida; pues Neptuno inclina a la persona hacia un conocimiento irrealista o a una fantasía acerca del ámbito particular de la vida. Pero estos mismos problemas pueden llevar al individuo a una búsqueda fructífera de una solución. Durante esta búsqueda de respuestas, cuando la persona llega a saber que, de hecho, está aprendiendo acerca de una realidad superior mediante la experiencia de la desilusión, un aspecto de Neptuno puede indicar entonces una idealización práctica y positiva, y realmente, una espiritualización del factor indicado. Neptuno disuelve las viejas y muy ordenadas pautas de conciencia. Así, tomamos conciencia de las limitaciones de nuestras percepciones habituales y del hecho de que existe algo mayor y más vasto de lo que habíamos presumido. Esta intervención en nuestras vidas de un “algo” más unificado, algunas personas la reciben como un profundo misterio espiritual o como un acto de “gracia”. Personalmente, confirmo que cuando Neptuno está en Conjunción, Cuadratura u Oposición con los planetas personales o con el Ascendente en el mapa de todo individuo que vi que persigue activamente algún género de sendero espiritual como un trabajo principal de su vida. Evidentemente, estos aspectos tensionados no son tan “malos” para los buscadores espirituales. Podríamos suponer que la energía generada por tales aspectos es necesaria para impulsar a un individuo a fin de que actúe sobre la base de sus inclinaciones espirituales y se empeñe con mayor esfuerzo en este ámbito de la vida.

 

El planeta Neptuno está asociado con el dios romano del mismo nombre, y con el griego Poseidón. En cuanta personificación del agua, Poseidón era el dios de los mares, lagos, ríos y corrientes subterráneas. Aunque habitaba en el vasto palacio en el fondo del océano, envidiaba la soberanía de Zeus, y estaba ávido de tener más posesiones en el mundo. Poseidón luchó con Atenea por el Ática, y la perdió; también sin éxito, combatió con Hera por la Argólina, y tampoco pude despojar a Zeus de Egina. Enfurecido y solitario, inundó las tierras que no había podido conquistar, o bien, de puro despecho, secó sus ríos. Como le sucede a Poseidón (Neptuno), también nuestras versátiles emociones suelen estar ávidas de cosas que no podemos alcanzar. El elemento astrológico del Agua, asociado con el ámbito de los sentimientos, actúa también en otros sentidos de manera similar a Poseidón. Cuando él emergía del mar, podían suceder dos cosas. En ocasiones las aguas se abrían, regocijadas y magnificas, en torno de él. Otras veces, sin embargo, su aparición era anunciada por violentas tempestades y tormentas furiosas. De manera similar, cuando nuestros sentimientos afloran a la superficie, tanto puede ser plena y divinamente geniales como barrer con nosotros como un maremoto. El planeta Neptuno, lo mismo que la Luna y que Venus, es otra energía del Anima, que representa aquella parte nuestra que se funde con los otros, se adapta a ellos, los refleja e intenta unirles. Mientras que la Madre Luna adquiere su identidad reflejando a otro, y la seductora Venus da con la intención de recibir alguna cosilla a cambio, el sentimental Neptuno quiere perder su identidad confundiéndose con algo superior a él. En tanto que la tarea principal del ego aislado (Saturno) es la autoperservación, el planeta Neptuno simboliza las ansias de disolver los límites que hacen del yo una entidad aparte, y experimentar la unidad con el resto de la vida. Para muchas personas, la desintegración de la identidad individual constituye una perspectiva aterradora, y de buena gana relegan a Neptuno -es decir, al deseo del volver a conectarse con la totalidad de la vida- al inconsciente. Pero cualquier cosa que uno entierra en el sótano se las arregla para abrir un túnel que le permite salir de debajo de la casa y aparecer sobre el césped del jardín. Si lo suprimimos, Neptuno no se va; se disfraza, en cambio, y surge furtivamente ante nosotros. Es probable que, en la Casa de Neptuno, “montemos” sin darnos cuenta tales circunstancias que no nos queda otra alternativa que sacrificar nuestras necesidades y deseos personales en obediencia a fuerzas que no podemos cambiar ni aliviar de ninguna manera. De esta manera, el ego individual se ve librado de su sentimiento de superioridad omnipotente y de la creencia de que constituye una entidad aparte. Así purificados, somos recibidos afectuosamente en los brazos de algo que nos trasciende. De hecho, fue Júpiter quien rescató a Neptuno de la tiranía de Saturno: el deseo de expansión (Júpiter) del ego individual termina por socavar su condición de entidad aparte, en cuanto deja que Neptuno ande en libertad. De manera semejante, hay muchas personas que en vez de temer la desintegración del yo la favorecen activamente, en búsqueda de expansión y la bienaventuranza que van asociadas con una existencia sin límites. Este objetivo se puede alcanzar de manera constructiva mediante la meditación, la fe y la veneración religiosa, la creatividad artística y una generosa devoción a otra persona o a una causa; o -más peligrosamente- se puede intentar lo mismo por la vía de las drogas, del alcohol o de una desaforada entrega a las pasiones. Hay personas que recuerdan vagamente un perdido Edén del pasado y buscan el cielo en la Tierra en la Casa de Neptuno. Convencidos de que es deber de Neptuno concedérnoslo todo, probablemente depositemos grandes esperanzas en los asuntos que pertenecen a su dominio, como si allí estuviera nuestra redención misma. Tras habernos apuntado nada menos que al éxtasis absoluto, nos decepciona invariablemente que el mundo exterior no nos entrega lo esperado. Heridos y amargados, es probable que nuestros ojos recorran la casa buscando consuelo… con frecuencia en el bar o en un botiquín. Sin embargo, para algunos la desilusión que significa no obtener lo que deseábamos de Neptuno es el punto de partida de otra dimensión de la experiencia: en vez de buscar nuestra felicidad exclusivamente en las realidades externas de la vida, volvemos la atención hacia dentro. Y finalmente, es posible que descubramos que la bienaventuranza que buscábamos la teníamos ya dentro de nosotros, oculta en el áureo palacio indestructible que Neptuno tiene en las profundidades del mar.

Hizo falta Júpiter para rescatar a Neptuno, y es muy frecuente que, en la Casa donde está emplazado Neptuno, andemos en busca de un salvador. Al hacer el papel de víctima o de desvalido (al mismo tiempo que renunciamos a la responsabilidad y el esfuerzo personal), abrigamos la esperanza de que aparezca alguien que se haga cargo de nosotros de ese aspecto de la vida. A la inversa, hay personas que ponen del revés esta dinámica y se empeñan en hacer, en este dominio, el papel de salvador de otros. A diferencia de los dos casos en que la influencia es de Saturno, esta actitud no obedece a la presión de una “obligación” o un “deber”, sino a un sentimiento de empatía por el sufrimiento de la otra persona. En algunos casos, hasta podemos convertirnos en la encarnación viviente de alguna forma de imagen popular o ideal en la esfera de Neptuno, capaz de asumir las formas más variadas: desde un nuevo dios o diosa, o superestrella, a un escándalo público o un conveniente chivo emisario. Tal como se podía imaginar del dios del mar, Neptuno es bastante escurridizo. Cuando en su dominio andamos en pos de algo, es probable que nos eluda misteriosamente. Con frecuencia, en vez de hacer frente a los hechos, actuaremos como Blanche Dubois, inventándonos la ilusión de que todo es maravilloso. Puede ser que decidamos no ver más que aquello que fundamenta nuestra fantasía, pero tarde o temprano, lo más probable es que la realidad se nos desplome encima. Pero también puede ser que no: con Neptuno nunca se puede estar seguro. Este planeta va asociado con las cosas del mundo etéreo, que no necesariamente se puede captar, medir, ni siquiera ver. Antes que la forma misma, es la esencia subyacente en la forma. Por mediación de la Casa de Neptuno podemos tener atisbos de estados de conciencia superiores o diferentes, una visión del infinito y de la eternidad, y de aquello que trasciende las fronteras normales del espacio y del tiempo. En otro nivel, Neptuno es bruma, niebla, y nebulosidad; según en qué Casa esté, puede mostrar dónde nos encontramos desorientados, confundidos o poco claros respecto a nuestras metas y objetivos, o nos inclinamos a andar flotando a la deriva y a dejarnos llevar con cualquier cosa que se presente. Si (como cree Neptuno) Todo es Uno, entonces nada que suceda puede ser, de todas maneras, demasiado importante para nosotros. Dos figuras asociadas con Neptuno son Dionisos y Cristo. Ambos predicaron el abandono de la identidad independiente y la necesidad de fundirnos con algo luminoso y divino. Dionisos reunía a un grupo de sus adeptos y, con la ayuda de los efectos embriagadores del vino, se dejaban transportar, por la vía del sentimiento y del éxtasis, a otros ámbitos. Olvidando las realidades terrenales de la vida, simplemente se abandonaban a algo más vasto que el yo, sin preocuparse por si habían dejado el coche aparcado en doble fila. En este sentido, trascendían el tiempo, los limites y las formas. Hay quienes consideran a Cristo “el maestro neptuniano”. Al mismo tiempo víctima y salvador, enseñó a “renunciar” al yo por el espíritu. Para lo establecido o institucionalizado -la conciencia ordinaria en el nivel del yo- es difícil reconocer como dioses tanto a Dionisos como a Cristo. Ambos sufrieron de alguna manera un desmembramiento; ambos murieron, pero volvieron a nacer. La posición por Casas de Neptuno es el lugar donde, hasta cierto punto, podemos compartir la experiencia de estas divinidades. En ese dominio podemos desmoronarnos, pero luego volver a levantarnos de una manera diferente, abiertos a algo que está más allá del ego. Actitudes como la buena disposición, la aceptación y la fe ayudan al proceso. A veces en la Casa de Neptuno, no contamos con otras opciones viables. Cuando Neptuno entra en contacto con algún planeta de nuestro mapa, normalmente nos incita a entregarnos totalmente a todo cuanto este planeta representa y ello hace que nos convertimos en víctimas o mártires a este respecto. Tanto las víctimas y los mártires se sacrifican a sí mismos, pero la única diferencia entre los dos quizás estribe en que los mártires se sacrifican a sí mismos con el fin de ganar algún tipo de reconocimiento o, bien, porque dicho sacrificio puede llegar a contener algún significado de índole espiritual. El efecto de Piscis en la cúspide de una Casa, o contenido en ella, es similar al de Neptuno.