JUPITER

JÚPITER: Regente de Sagitario y la Casa 9
La Media Luna del Alma surgiendo verticalmente del brazo Oeste de la Cruz de la Materia, por la noche o a la puesta del Sol.

Nota clave: La mente superior. Mundos lejanos. Expansión. La espiritualidad material. Las opiniones y todo tipo de creencias. El gran beneficio y la fe. Sabiduría, riqueza, confianza. Inflación, exageración.
Correspondencia psicológica: Cultivo del lado interior o espiritual de la vida, esperanzada planificación para el futuro.
Impulsos representados: Impulso hacia un orden más vasto o a conectarse con algo mayor que uno.
Necesidades simbolizadas: Necesidad de fe, confianza en la vida y en uno. Necesidad de mejorarse.
Expresión positiva: Fe, confianza en un poder superior o plano mayor. Apertura la gracia. Optimismo.
Expresión negativa: Confianza excesiva. Pereza. Dispersión de energía. Dejar el trabajo a los demás. Irresponsabilidad. Extensión personal excesiva o demasiadas promesas.
La facultad mental superior desea un mayor significado en las relaciones de la vida, más allá de lo que es la materia física. Todo proceso que entraña crecimiento y expansión de conciencia en los valores espirituales, opiniones y dogmas. Tendencia a tomar más de lo que se puede absorber. Libertad total al darse placeres y creencias. No hay fracaso, y no hay límites.

Zeus tiene una “historia” particularmente bien documentada y, como Venus, es uno de los dioses más vitales y vibrantes. Robert Graves, en su divertido relato sobre la historia de la Creación del Mundo, ha puesto de relieve algunos rasgos característicos de Zeus, entre los cuales destaca la naturaleza extraordinariamente competitiva, dominante y ampulosa de esta deidad ultramasculina. Aunque estas cualidades se hayan asociado tradicionalmente con el Signo de Aries, también aparecen, y no en menor grado, vinculadas al Signo de Sagitario, quien dista mucho de presentar el aspecto indolente y bondadoso con el que suele describirle la sabiduría popular astrológica. Aunque Zeus fue creado por Rea y sólo podía ejercer su poder bajo su consentimiento, estaba destinado a liberar a todos los signos de su dependencia de lo femenino. Sin embargo, a causa de su matrimonio con Hera, Reina de los Dioses, nunca consiguió, pesa a sus reiterados intentos, llevar a buen término esta empresa y permaneció, de un modo u otro, vinculado al aspecto femenino. Los relatos de Zeus con sus amantes y su turbulento matrimonio con su hermana-madre-esposa, nos revela que este poderoso dios, con una personalidad tan individualista, no es tan macho como parece: “Zeus no alcanzó el poder solamente por su victoria sobre los Titanes, una victoria que, debía a la Madre Gaya (Rea) y a alguno de sus hijos. Su poder estaba mucho más fundamentado en sus relaciones amorosas y en su fidelidad a los hijos y nietos de Gaya”. Zeus es el Padre de los Dioses y de los hombres, su nombre “djeus” significa “la Luz del Cielo” de modo que es el “daimon” del relámpago y la claridad. El entrenamiento de Zeus como Rey victorioso de los Dioses, derrocando el dominio de los Titanes terrestres y estableciendo su propio dominio celestial, refleja la emergencia en la consciencia colectiva de un principio espiritual superior a Moira. Por consiguiente es apropiado que Sagitario sigue a Escorpio ya que Zeus encarna lo que pertenece al espíritu eterno más que el cuerpo mortal. Zeus es llamado Dios de la Lluvia, Padre, Rey y Salvador. A diferencia de la vida condenada y predeterminada del cuerpo, atrapada en el puño de la Necesidad, Zeus ofrece la Luz del Espíritu. Esto es el principal aspecto de Sagitario: la búsqueda incesante de un espíritu que trasciende al destino y la muerte. Del mismo modo que Sagitario emerge de los vapores del “lóbrego destino” y de la sumisión al mundo subterráneo encarnado por Escorpio, Zeus emerge de la dominancia de la Madre ctónica y asume su papel de Gobernador de los Dioses y de los hombres. Más allá de las tinieblas del reino fáustino de “las Madres”, en donde la impotencia del hombre, su dependencia del destino familiar y del mal colectivo, han sido reconocidos y aceptados, surge esa brillante aspiración que constituye el núcleo de todos los rituales religiosos: la promesa de un espíritu inmortal y su benigno cuidado, a la espera del abrazo del Dios Padre.

El planeta Júpiter está asociado con el dios romano del mismo nombre y con el dios griego Zeus. En la mitología griega, Zeus era el majestuoso dios de los cielos, el que gobernaba el espacio inmenso y sin límites. Residente en el éter inmaterial del aire y en la cima de las montañas, Zeus era considerado omnisciente, era el dios que lo sabía y lo veía todo. Desde su elevada perspectiva contemplaba la vida sobre la Tierra y dispensaba el bien tanto como el mal, aunque la imagen que se tenía de él era más bien compasiva y benévola. Sus diarios recorridos incluían la protección de los débiles y los inocentes, el castigo de los malos, sobre quienes, para su propio bien, desataba la fuerza del rayo, la prevención de cualquier catástrofe que pudiera sobrevenir así en la Tierra como en el cielo, y las escaramuzas con Hera, su celosa cónyuge, por quien se sentía sumamente limitado. No se sabe cómo, también se las arreglaba para dar cabida en su ya ocupada agenda a una cantidad extraordinaria de aventuras extraconyugales. Actuando según la inspiración del momento, y con un entusiasmo equiparable a 6.000 unidades de vitamina E por día, perseguía incansablemente a diversas diosas y mortales, sin desdeñar ocasionalmente a algún efebo imberbe. Aun cuando no siempre tuviera éxito, parecía sin embargo obtener gran placer en perseguir sus objetivos siempre cambiantes, transformándose un día en toro, al siguiente en cisne y alguna otra vez en lluvia de oro. Como consumado de tantas escapadas eran numerosos los niños, Zeus dejaba a cargo de otros el cuidado de criarlos y educarlos. La cuestión, ahora, es cómo metemos a presión todo eso, y más aún, en una sola Casa, sea la que fuere.

“Los Dioses que ahora gobiernan la vida como guías y como ideas ya no pertenecen a la Tierra sino al Éter. Por consiguiente, de los tres reinos y sus dioses… sólo uno permanece en el lugar de la perfección divina, es el reino de la luz de Zeus”. Así describe Walter Otto a Zeus, que, aunque impredecible, es una deidad mucho más consoladora que Moira y mucho más próxima al dios judeocristiana. Sin embargo Zeus no es enteramente libre ni está completamente al mando de la situación. Quizás haya sustituido a Moira, así lo creía, por lo menos, Esquilo, pero su matrimonio con Hera es una espina clavada eternamente en su costado divino. Este contrato matrimonial, subrayado como “contrato”, como vínculo, como lazo permanente que, como las Runas grabadas en la lanza de Wotan, en el anillo de Wagner, lo liga eternamente al mundo femenino de la forma. Sin embargo, a diferencia de la divinidad judeocristiana, Zeus no puede escapar al influjo de su esposa, siempre estaban enzarzados en perpetuas desavenencias matrimoniales y la disputa parece ser un tema subyacente al patrón vital de Sagitario. Zeus siempre estaba persiguiendo a  otras mujeres y la lista de sus amantes y de su progenie ilícita llena volúmenes. Por su parte Hera siempre desbarataba sus planes, le espiaba, perseguía a sus rivales, echaba a perder sus románticos idilios e intentaba destruir o volver locos a sus hijos bastardos. Era una pareja que permanecía eternamente unida y eternamente enzarzada en peleas, una imagen del violento espíritu creador vinculado al mundo de la forma, al mundo de las relaciones y de los compromisos entre los hombres, al mundo de la moralidad, de la “decencia” y de la responsabilidad mundana, algo que afecta tanto a la naturaleza de Sagitario como la desenfrenada promiscuidad de la que Zeus es un emblema. No debe sorprendernos pues que muchos sagitarianos se lancen de cabeza en el destino del matrimonio como el de Zeus y Hera. El Sagitario de manual evita el matrimonio porque se siente demasiado atrapado por reglas y expectativas rígidas. Le desagrada sentirse “atado” y prefiere ser “espontáneo”, lo que significa que encuentra desagradables las consecuencias de sus acciones y prefiere evitarlas. Sin Hera, Zeus no sería nadie, pues debe la mayor parte de su poder a Hera y a sus relaciones femeninas, y la fricción y tensión causadas por el vínculo inquebrantable del matrimonio le dirige continuamente hacia amoríos ilícitos y le mantiene vital y activo. Sin esta fricción Zeus sería indolente y perezoso, cualidades que manifiesta en muchos relatos y también es indudable que difícilmente desplegaría tanto entusiasmo por sus amantes si no se tratara de amores prohibidos: “No tengo en cuenta tu cólera, aunque te fueras al último confín de la tierra y el mar, donde habitan Yapedo y Cronos, sin la luz del Sol y sin el soplo del aire, si te fueras tan lejos, tampoco tendría en cuenta tu cólera” dice Zeus a Hera por boca de Homero ya como muchas de sus contrapartes humanas, una de las formas que Hera usura para desquitarse de sus infidelidades era abandonarle durante varios días, retornando y reconciliándose siempre después. Sin embargo, a pesar de la elegante descripción de Homero hace de él, Zeus no puede preocuparse de la cólera de Hera y debe reafirmar crónicamente su masculinidad. La lista de mortales a quienes Zeus sedujo o persiguió es interminable. Con Danae engendró al héroe Perseo, Con Semele al dios Dionisos, con Europa al rey Minos, de Creta, con Deméter, su divina hermana, a la doncella Perséfone, etc. Esta fertilidad sin fin es una alegoría de la creatividad sin límites, de la impaciencia, la inconstancia y la inventiva proteica. Todas estas características atañen a Zeus pero, en definitiva, su destino es Hera.

Innecesario es decir que aquella Casa del mapa natal que contenga a Júpiter es un sector de la vida donde necesitamos muchísimo espacio para crecer y explorar. Es allí donde no estamos contentos con lo que es la rutina o monotonía, sino donde en cambio nos sentimos impulsados a una experiencia de la vida más cabal y más completa. Independientemente de que Hera esté allí para ponernos limites, no somos necesariamente desdichados con lo que ya tenemos en ese dominio, pero seguimos queriendo más y parece que siempre hubiera lugar para seguir. A Júpiter, en última instancia, siempre le interesa más lo que puede hacer a la vuelta de la esquina que la realidad de lo que tiene en la mano. Tal como cabe imaginar, los problemas en la Casa de Júpiter provienen generalmente de que nos prodigamos en exceso en esa área. Dondequiera que se encuentra Júpiter en el mapa, nunca sabremos qué es suficiente hasta que no sepamos qué es más que suficiente. Además, como siempre contemplaba la vida desde tan arriba, Júpiter no acostumbraba a examinar las cosas con la minuciosidad que habría debido. Si hay aspectos tensionados, la posición de Júpiter en una Casa podría indicar en qué sector emprendemos la acción basándonos en perspectivas o en juicios errados, generalmente como resultado de ser exageradamente optimistas o demasiados entusiastas respecto de lo que es posible. Y, lo mismo que el dios promiscuo, es también la esfera de la vida en donde podemos sembrar múltiples semillas creativas, pero no siempre quedarnos en las inmediaciones para vigilar su crecimiento. Damos comienzo a algo pero, antes de que nos hayamos dado cuenta, hay algo más que nos llama la atención. No debemos olvidar el importante papel de Júpiter como guardián de la ley y de la religión, y como noble protector del pueblo. El populacho le dirigía sus oraciones pidiéndole ayuda, orientación, inspiración, benevolencia y preservación. Su presencia en una Casa hace que en ese dominio de la vida nos sintamos esperanzados, positivos y animosos, como si estando él allí nos sentimos encantados y protegidos. Y si estamos movidos por sentimientos tan positivos y por tan buenas vibraciones, no es sorprendente que, por lo común, nos espera el éxito en la esfera ocupada por Júpiter. Existe, sin embargo, el peligro de que en ocasiones podamos sentirnos traicionados si sucede aquello por lo cual nos entusiasmamos no resulta tan maravilloso como habíamos esperado. Pero generalmente, aun cuando algo o alguien nos decepcionen en la Casa de Júpiter, ya se encargará él de hacernos caer de pie, como los gatos. El planeta Júpiter representa la capacidad de simbolización de la psique, y normalmente atribuimos gran significación a la experiencia y a los acontecimientos de la Casa donde se encuentra. Si bien esto puede dar origen a histrionismos, es también a través de la Casa de Júpiter como tenemos atisbos de una dimensión mayor en el diseño, el orden o el significado de la vida. En su dominio, vamos en busca de las reglas y leyes superiores sobre las cuales puede basarse la existencia y por las cuales es posible guiarse. Conscientemente o no, es allí donde buscamos a dios, o donde procuramos encontrar, dentro de ese marco de la experiencia, “la Verdad”, así con mayúscula.

A Júpiter se lo adoraba como el “Gran Preservador de la vida” y “El que Libera de batallas y plagas”. En ocasiones, es posible que nuestra supervivencia misma dependa de nuestra capacidad de dar alguna especie de significado simbólico a un acontecimiento, o de percibir cuál es su significación dentro de una perspectiva más amplia. Por más que los aspectos de Júpiter puedan desfigurar la claridad o el espíritu razonable con que veamos la “verdad”, los asuntos de la Casa donde se encuentra este planeta nos ofrecen la creencia en algo más grande, la esperanza de algo mejor y el sentimiento de que la vida no es una mera colección de acontecimientos aleatorios, sino que tiene un significado y una intención. Cuando nuestra fe en la vida comienza a vacilar, si miramos hacia el dominio de Júpiter podremos recuperar la inspiración para salir adelante. En cierto sentido, los aspectos de Júpiter son los más fáciles de interpretar, dado que una de las características más significativas de este planeta es la de su tendencia a ensanchar todo lo que toca. Júpiter aumentará la influencia de todos aquellos planetas que entren en contacto con él. Y es importante que recordemos que “aumentar” no necesariamente tiene por qué significar “mejorar”. Si Júpiter ensancha todo lo que toca, probablemente también exagerará y pondrá de relieve todos aquellos aspectos del mapa, ya conflictivos de por si, pudiendo llegar a transformar una configuración simplemente algo tensa en otra potencialmente destructiva. Los aspectos fluidos pueden describir el hecho de que nos resulta fácil hallarle algún significado a la vida, aunque nos mostremos condescendientes con los demás y respetemos sus creencias. Con los aspectos fluidos es posible que los demás ni siquiera intenten poner en duda nuestras creencias puesto que, en lugar de considerarlas como algo conflictivo y dejarnos desbordar por ellas, las consideran un punto de apoyo. Los aspectos tensionados, normalmente, suelen sugerir que nos mostramos algo confusos o poco convencidos en cuanto a nuestras creencias y que éstas serán puestas en duda. Posiblemente, a lo largo de nuestras vidas, estos enfrentamientos harán que nuestro sistema de creencias sea mucho más categórico. Los aspectos tensionados y, según qué casos, también las Conjunciones, significarán que tendremos que luchar mucho con el fin de encontrarle algún significado a la vida o que nos empeñaremos en intentar demostrar que nuestras creencias son las acertadas. Los aspectos a nuestro Júpiter describirán qué es aquello que acelera, que impide o que entorpece nuestra capacidad para poder vislumbrar la totalidad del conjunto, y también la facilidad o dificultad con la que alcanzamos, utilizamos o valoramos la riqueza y mostrarán, junto con el Signo y la Casa en donde esté situado, cuál es realmente la naturaleza de esta riqueza. Júpiter ejercerá una influencia similar sobre cualquier Casa donde esté Sagitario en el mapa.